UCR Chubut: de un lado el poder, del otro los militantes

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Este sábado, en Esquel, el radicalismo chubutense no elegirá solamente nuevas autoridades. Detrás de la disputa entre Gerardo Merino y Sergio Guajardo aparece una discusión mucho más profunda: cuánto poder conservará la UCR para tomar sus propias decisiones y cuánto pesará en ellas el Gobierno provincial de Ignacio “Nacho” Torres. Las denuncias de presiones, el malestar de los comités del interior y el reclamo de autonomía convierten al plenario en una prueba decisiva para el partido centenario.

UCR Chubut: de un lado el poder, del otro los militantes

Este sábado 29 de agosto, Esquel será escenario de una elección que puede marcar el futuro inmediato de la Unión Cívica Radical del Chubut.

Formalmente, los delegados deberán definir quién conducirá el Comité Provincia. Gerardo Merino, intendente de Trelew, representa la continuidad de la actual conducción y una UCR fuertemente integrada al proyecto político de Despierta Chubut.

Del otro lado aparece Sergio Guajardo, dirigente de El Maitén, respaldado por sectores que vienen reclamando mayor participación del interior y, fundamentalmente, mayor autonomía del radicalismo.

Pero reducir lo que sucederá en Esquel a Merino contra Guajardo sería mirar solamente la superficie.

La discusión verdadera parece ser otra:

¿Quién decide el futuro del radicalismo chubutense?

¿Los radicales o el poder político que necesita de ese partido para sostener su construcción provincial?

Biss puso palabras al malestar

En ese escenario apareció una voz que tiene un peso particular dentro del radicalismo: la del intendente de Rawson y expresidente de la UCR provincial, Damián Biss.

Biss reconoció públicamente que existe un distanciamiento entre los comités departamentales y la conducción provincial y apuntó a la falta de diálogo interno como una de las causas del conflicto.

Pero fue todavía más lejos.

Para el intendente capitalino, la denominada ley de reelecciones terminó siendo “la gota que rebasó el vaso”.

Su cuestionamiento toca directamente la relación entre el radicalismo y el Gobierno provincial.

Biss sostuvo que muchos dirigentes radicales del interior venían trabajando en sus localidades con aspiraciones políticas propias y consideró que, a partir de la modificación de las reelecciones, “se transparentan acuerdos del Gobierno provincial con intendentes locales de otros espacios políticos”.

La declaración no es menor.

Porque pone sobre la mesa uno de los interrogantes centrales que llegarán este sábado a Esquel:

Cuando los intereses políticos del Gobierno provincial y los intereses territoriales del radicalismo entran en conflicto, ¿qué debe defender primero la conducción de la UCR?

Biss ya tomó posición en la disputa partidaria.

El Comité Departamental de Rawson decidió acompañar a Sergio Guajardo para la presidencia del partido.

Según explicó el intendente, Guajardo fue el dirigente que se acercó al comité capitalino, pidió el acompañamiento y manifestó su intención de trabajar para recomponer la relación entre la conducción provincial y los comités departamentales.

Pero hay un dato importante.

Biss no plantea romper con Ignacio Torres.

Y probablemente allí se encuentre una de las claves para entender la verdadera discusión que atraviesa al radicalismo.

Esta misma semana sostuvo que formar parte de una alianza electoral o de una coalición de gobierno no significa renunciar a tener posiciones diferentes sobre determinados temas.

Esa definición permite correr la discusión del falso dilema entre estar con Torres o estar contra Torres.

La discusión es cuánto puede discutirle el radicalismo a Torres siendo parte de su Gobierno.

Las denuncias que incomodan

A las diferencias políticas se sumaron en los últimos días acusaciones todavía más delicadas.

El exsenador Mario Cimadevilla denunció públicamente una supuesta intervención del Gobierno provincial en la vida interna de la UCR y habló de presiones sobre delegados vinculadas a cargos públicos, favores políticos e incluso situaciones laborales de familiares.

Son denuncias políticas y deben ser consideradas como tales.

Pero provienen de un dirigente con extensa trayectoria dentro del radicalismo y colocaron sobre la mesa una discusión que el partido ya no puede ignorar.

Sergio Guajardo también fue directo al cuestionar la relación actual entre la UCR y el Ejecutivo provincial.

Según expresó, el rol que ocupa el radicalismo dentro del Gobierno estaría más “digitado y armado” por Ignacio Torres que por el propio partido.

La frase golpea en el corazón del debate.

Porque Guajardo no plantea necesariamente abandonar Despierta Chubut ni romper con el gobernador.

Cuestiona otra cosa:

Qué lugar ocupa el radicalismo dentro de esa construcción y quién determina ese lugar.

En otras palabras, una cosa es integrar un gobierno y otra muy distinta es perder autonomía frente a ese gobierno.

¿Socios o acompañantes?

Desde la actual conducción partidaria existe otra mirada.

Gustavo Menna, presidente de la UCR y vicegobernador, rechaza la idea de un radicalismo sometido y reivindica los lugares que el partido ocupa dentro de la administración provincial.

Otros dirigentes recuerdan además que fue el propio radicalismo, durante la presidencia de Biss, el que construyó el acuerdo político con Ignacio Torres que terminó llevando a Despierta Chubut al Gobierno.

Y eso es cierto.

La UCR fue una pieza fundamental de aquella construcción,Aportó dirigentes,Aportó intendentes.Aportó estructura territorial.Aportó fiscales.Aportó legisladores, Y aportó una historia política que permitió ampliar la coalición más allá del PRO.

La pregunta que algunos radicales comenzaron a formularse es otra:

¿ser parte del Gobierno significa necesariamente acompañar todas sus decisiones?

Porque una cosa es gobernar juntos, Otra es dejar de discutir.

La herida de las reelecciones

La modificación del régimen de reelecciones terminó exponiendo esa contradicción.

El propio Biss había manifestado su desacuerdo y advertido que los legisladores radicales que acompañaron la iniciativa deberían explicar su postura dentro de los ámbitos partidarios.

Para muchos dirigentes del interior, aquella decisión modificó escenarios políticos locales donde radicales se preparaban para disputar intendencias.

Mientras algunos dirigentes propios comenzaban a construir candidaturas, la nueva legislación permitió que intendentes aliados al gobernador, incluso provenientes de otros espacios políticos, conservaran la posibilidad de continuar en sus municipios.

De allí nace buena parte del enojo.

No porque todos quieran romper con Torres.

Sino porque muchos comenzaron a preguntarse si las necesidades electorales del proyecto provincial terminaron teniendo mayor peso que los intereses políticos del propio radicalismo.

Esquel: la primera batalla ya ocurrió

Hasta la elección de Esquel como sede contiene un mensaje.

La intención de realizar el encuentro en Trelew terminó derrotada en una votación ajustadísima: 12 contra 11.

Ganó Esquel.

Puede parecer un detalle administrativo.

No lo es.

La Cordillera y los comités del interior vienen reclamando mayor protagonismo frente a las estructuras políticas concentradas en las ciudades más grandes.

Biss interpretó justamente esa votación como una demostración del distanciamiento existente entre buena parte de los comités departamentales y la conducción provincial.

Por eso Esquel representa algo más que el lugar donde se colocarán las sillas y se contarán los votos.

El interior radical quiere ser escuchado.

Torres no estará en la boleta, pero estará presente

Ignacio Torres no será candidato este sábado.

Ni siquiera pertenece a la Unión Cívica Radical.

Pero políticamente su figura estará presente durante toda la jornada.

Porque buena parte de la discusión gira alrededor de la relación que deberá mantener la próxima conducción radical con su Gobierno.

Y en las horas previas apareció un dato que alimentó todavía más esa discusión.

Un medio provincial aseguró esta semana que “Torres y los funcionarios radicales del gabinete monitorean la interna radical”.

La información debe ser leída con la cautela correspondiente: se trata de una afirmación periodística del medio y no constituye, por sí misma, una demostración de intervención gubernamental.

Pero el dato adquiere otra dimensión cuando se lo coloca junto a las denuncias realizadas por Cimadevilla, las declaraciones de Guajardo y el malestar expresado por dirigentes como Biss.

Porque una cosa es que el Gobierno siga con interés una elección partidaria que puede modificar el equilibrio de la coalición que gobierna Chubut.

Eso sería absolutamente lógico.

Otra muy diferente sería intentar condicionar su resultado.

Y esa es precisamente la frontera que hoy está bajo discusión.

¿El Gobierno observa la interna radical porque es importante para el futuro de Despierta Chubut o intenta influir sobre quién debe conducir la UCR?

La primera posibilidad forma parte de la política.

La segunda significaría una intromisión en la vida interna de otro partido.

Hasta ahora existen denuncias y declaraciones políticas que hablan de presiones. No una prueba pública concluyente que permita afirmar que esas presiones efectivamente ocurrieron.

Pero el interrogante está instalado.

Y el radicalismo deberá responderlo.

Una pregunta incómoda: ¿por qué no votar en secreto?

En este escenario aparece además otro elemento que vuelve todavía más sensible la elección.

El mecanismo de votación.

Desde la conducción partidaria se rechazó la posibilidad del voto secreto, bajo el argumento de que los delegados deben asumir públicamente la responsabilidad de la representación que ejercen.

Puede existir una explicación institucional para defender ese mecanismo.

Pero frente a las denuncias públicas de supuestas presiones sobre algunos delegados aparece inevitablemente otra pregunta:

¿por qué no garantizar el voto secreto?

Si nadie está siendo condicionado, el voto secreto no debería modificar el resultado.

Y si existen delegados que dependen laboral o políticamente de estructuras gubernamentales, justamente el secreto podría garantizarles algo elemental: libertad para decidir.

La discusión sobre la forma de votar, entonces, dejó de ser una cuestión meramente reglamentaria.

Se convirtió en una cuestión política.

Ni todos los que están con Merino son de Torres, ni todos los que están con Guajardo están contra Torres

Hay algo que también debe quedar claro.

Sería simplista sostener que todo aquel que vote a Gerardo Merino responde automáticamente al gobernador.

Como también sería equivocado afirmar que quienes acompañan a Sergio Guajardo pretenden romper Despierta Chubut.

La discusión es bastante más profunda.

Lo que se debate es qué clase de socio quiere ser la UCR.

Un partido que acompaña las decisiones de una conducción política más amplia.

O un partido que acompaña pero discute; que forma parte pero conserva identidad; que gobierna pero mantiene la capacidad de marcar diferencias.

En definitiva, un socio político y no simplemente un acompañante electoral.

De un lado el poder, del otro los militantes

Este sábado habrá dirigentes, intendentes, funcionarios, operadores políticos y delegados.

Habrá teléfonos que sonarán hasta último momento.

Habrá conversaciones.

Habrá acuerdos.

Habrá llamados.

Y habrá cuentas voto por voto.

Eso es política y forma parte de cualquier elección partidaria.

Pero detrás de todo ese movimiento habrá algo bastante más sencillo: hombres y mujeres que durante años abrieron comités, pegaron carteles, fiscalizaron elecciones y sostuvieron al radicalismo incluso cuando ser radical no significaba ocupar un cargo.

Esa militancia también quiere hablar.

Y quizás allí esté el verdadero significado del encuentro de Esquel.

De un lado, el poder. Del otro, los militantes reclamando ser escuchados.

En el medio estarán los delegados.

Ellos deberán decidir quién será el próximo presidente de la UCR.

Pero quizás, sin proponérselo, terminarán respondiendo una pregunta mucho más trascendente:

¿El radicalismo del Chubut conservará la capacidad de decidir su propio destino dentro de la coalición o terminará convertido en una pieza de una construcción política diseñada desde el Gobierno provincial?

Este sábado, en Esquel, empezaremos a conocer la respuesta.

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