En un conocido quincho de Playa Unión, un grupo de unos 35 militantes peronistas de algunas localidad de Chubut—todos entre 18 y 35 años— se reunió días atrás con un propósito claro: empezar a construir una nueva etapa dentro del movimiento. Sin estridencias ni figuras rimbombantes, pero con la convicción de que el futuro del peronismo necesita aire fresco, los jóvenes compartieron una jornada de debate, análisis y autocrítica.

El encuentro, que combinó la calidez de la camaradería con la profundidad política, giró en torno a una idea central: la renovación del liderazgo. No se trató de desconocer la experiencia de quienes hace décadas sostienen la bandera del movimiento —varios militantes mayores de 50 años también participaron y aportaron su mirada—, sino de reconocer que la juventud tiene hoy la responsabilidad de animarse a conducir, de asumir los desafíos de una época que reclama nuevas formas de representación y compromiso.
En medio del intercambio, alguien recordó una de las frases más recordadas del General Juan Domingo Perón:
“La juventud debe tomar la bandera y llevarla adelante. Porque el movimiento que no incorpora a su juventud, está condenado a morir.”
Esa cita marcó el espíritu del encuentro. Entre mates, anécdotas y propuestas, se escuchó con respeto a quienes forjaron camino en tiempos difíciles, pero también se dejó en claro que la renovación no se pide: se ejerce. Que el peronismo necesita volver a mirar a los barrios, a la militancia genuina, a las causas que lo hicieron grande.
Los jóvenes coincidieron en que hay que estar abiertos a escuchar y charlar con todos, sin sectarismos ni mezquindades, entendiendo que la unidad no se declama: se construye.
Más que una simple reunión, lo de Playa Unión fue una señal. Un primer paso para quienes creen que el peronismo del futuro no puede construirse mirando el pasado, sino asumiendo con coraje el presente y convocando a todos los que aún creen en un proyecto de justicia social, soberanía política e independencia económica.