Milei frente a su prueba más difícil: convencer al que ya no llega a fin de mes

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El Presidente todavía conserva un núcleo duro, pero las encuestas muestran que el principal sostén de su proyecto comienza a sentir el peso del ajuste.

Milei frente a su prueba más difícil: convencer al que ya no llega a fin de mes

Durante la campaña presidencial de 2023, Javier Milei construyó un fenómeno político que sorprendió incluso a quienes seguían de cerca la evolución del electorado argentino. No fueron los sindicatos, ni los gobernadores, ni las estructuras partidarias las que lo llevaron a la Casa Rosada. Fueron, principalmente, los jóvenes. Una generación que decidió romper con la política tradicional, cansada de décadas de inflación, de pérdida del poder adquisitivo y de promesas incumplidas. En Milei encontraron algo que ningún otro dirigente había logrado ofrecerles: una ruptura absoluta con el sistema.

Ese respaldo no fue casual. Fue el resultado de una profunda frustración generacional. Miles de jóvenes dejaron de creer que el esfuerzo alcanzaba para progresar. Dejaron de confiar en que estudiar garantizaba un empleo mejor. Dejaron de pensar que comprar una vivienda o formar una familia era un objetivo cercano. Cuando la política tradicional dejó de representar una salida, apareció Milei prometiendo dinamitar ese modelo.

Dos años después, la pregunta empieza a ser otra.

¿Ese mismo electorado continúa creyendo en el proyecto libertario?

El último Monitor de Opinión Pública de Zentrix empieza a mostrar algunas señales que merecen atención. No porque anticipen un cambio electoral inmediato, sino porque revelan un cambio en el estado de ánimo de quienes fueron el motor político del Presidente. El informe sostiene que el malestar económico dejó de percibirse como una etapa transitoria para convertirse en una condición estructural de la vida cotidiana. La economía personal recibe una evaluación negativa del 42,8% y la economía nacional alcanza un 61,8% de opiniones desfavorables.

Ese dato tiene un enorme valor político.

Durante el primer año de gestión, una parte importante de la sociedad aceptó el ajuste porque entendía que era el costo inevitable para estabilizar una economía devastada. Existía la expectativa de que el sacrificio tendría fecha de vencimiento. Sin embargo, cuando el esfuerzo deja de percibirse como una transición y comienza a convertirse en una forma permanente de vivir, también empieza a modificarse la relación entre la sociedad y el Gobierno.

  • El problema no aparece únicamente en los índices macroeconómicos.
  • Aparece cuando la gente llega al supermercado.
  • Cuando paga la tarjeta.
  • Cuando intenta completar el changuito.
  • Cuando descubre que el sueldo vuelve a terminar antes que el mes.

El informe aporta un dato que resume con crudeza esa realidad: el 66% de los argentinos agota sus ingresos antes o hasta el día 20 de cada mes y apenas un 9,3% afirma llegar al final con capacidad de ahorro.

Pero donde la encuesta golpea con mayor fuerza es en el universo juvenil.

Los menores de 40 años, precisamente quienes mayoritariamente acompañaron a Milei, aparecen hoy como el sector económicamente más vulnerable. El 85,5% ya no dispone de ingresos después del día 20 del mes y el 77% reconoce haber tomado algún tipo de deuda durante los últimos seis meses. La situación se vuelve todavía más preocupante cuando el estudio revela que más de un tercio recurrió a prestamistas o financieras informales para conseguir dinero.

Ese dato merece detenerse. No se trata solamente de personas endeudadas, se trata de jóvenes que están financiando su supervivencia.

La deuda dejó de ser una herramienta para comprar una casa, cambiar el auto o invertir en un emprendimiento. Hoy se utiliza para pagar alimentos, cubrir servicios públicos o completar los gastos básicos del hogar. El propio informe señala que el 53,7% tomó deuda porque sus ingresos ya no alcanzan para cubrir necesidades esenciales.

Cuando una sociedad comienza a endeudarse para comer, deja de discutir proyectos de desarrollo. Empieza simplemente a discutir cómo llegar al mes siguiente.

Allí aparece uno de los mayores desafíos políticos para el Gobierno.

Porque el respaldo que Milei conserva no responde únicamente a indicadores económicos. Responde también a una construcción simbólica. Muchos de sus votantes todavía interpretan el esfuerzo como una inversión a futuro. El informe incluso muestra que oficialistas y opositores viven dificultades similares, pero las explican de manera diferente. Entre quienes apoyan al Gobierno todavía existe la idea de que el sacrificio forma parte de un proceso de transición; entre los opositores predomina la percepción de que ese sacrificio demuestra el fracaso del modelo económico.

Sin embargo, la política tiene límites que la economía impone.

La paciencia social no es infinita.

Las convicciones ideológicas tampoco pagan las cuentas.

Y cuando las dificultades económicas comienzan a afectar precisamente al sector que más apostó por el cambio, el oficialismo empieza a enfrentar un riesgo distinto al de la inflación o el dólar: el desgaste emocional de su propio electorado.

Paradójicamente, ese desgaste todavía no encuentra un beneficiario claro.

La encuesta muestra que Javier Milei termina julio con un 58,5% de imagen negativa y apenas un 30,9% de imagen positiva, una caída significativa respecto del 45% registrado en enero. Pero el dato más llamativo es que la oposición tampoco logra capitalizar ese deterioro. Axel Kicillof mantiene niveles de rechazo similares y ninguna figura consigue transformarse en una alternativa competitiva para 2027.

Ese escenario explica por qué el Gobierno sigue conservando competitividad electoral a pesar del creciente malestar económico.

No porque la situación haya mejorado.

Sino porque la sociedad todavía no encuentra quién pueda ofrecer una alternativa creíble.

La política argentina parece haber ingresado en una etapa inédita. Un Presidente que pierde imagen, pero conserva liderazgo. Una oposición que critica, pero no seduce. Y un electorado que expresa cada vez más cansancio sin modificar todavía su comportamiento electoral.

El verdadero interrogante no es si Javier Milei perderá apoyo mañana.

La pregunta es cuánto tiempo podrá sostener el respaldo de una generación que fue la primera en creer en su propuesta y que hoy también es la primera en sentir el peso del endeudamiento, la pérdida del poder adquisitivo y la incertidumbre sobre el futuro.

Porque en política hay una máxima que se repite una y otra vez.

  • Los gobiernos pueden administrar la inflación, el déficit fiscal o el precio del dólar.
  • Lo que nunca logran administrar durante demasiado tiempo es el humor social.
  • Y cuando el humor social comienza a cambiar entre los jóvenes, la política suele descubrirlo recién cuando las urnas ya hablaron.

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