En Rawson, tras una jornada marcada por el paro total convocado por el Sindicato de la Salud Pública, dos empleados públicos intercambiaban impresiones en la vereda de la plaza central.

Marta: —Lo de hoy fue un exceso, Luis. Un paro en todos los hospitales, un reclamo legítimo, y la respuesta del Gobierno fue cerrarles la puerta con policías y gases lacrimógenos. Eso muestra el poco manejo de los funcionarios de la Secretaría de Salud.
Luis: —Tenés razón. El SISAP reclama una mejora salarial, el pago íntegro de las guardias y más recurso humano para que no sigan trabajando en condiciones precarias. Son demandas básicas. El problema es que los funcionarios no escuchan, y cuando no hay conducción, todo se resuelve mal. Denis Acosta está cuestionada por los propios trabajadores, y eso deja en claro que la Secretaría no tiene rumbo.
Marta: —Y el gran drama es que en el medio está la gente. Porque detrás de cada paro y cada enfrentamiento, hay pacientes esperando atención en hospitales. Por eso el diálogo debería ser recíproco: el funcionario tiene que escuchar, pero también el gremio debe encontrar un canal de negociación. Sin ese ida y vuelta, solo se profundiza la crisis.
La postal de este miércoles en Rawson —trabajadores reclamando, policías en la puerta y gases contra manifestantes— no puede volver a repetirse. El conflicto en la salud chubutense no se resuelve con represión ni con funcionarios que improvisan. Hace falta diálogo verdadero, de ida y vuelta, con responsabilidad de ambas partes. Porque en el medio están los ciudadanos que esperan algo tan simple como ser atendidos con dignidad en un hospital público.