Martes por la tarde, confitería de siempre. En la mesa de la esquina, cuatro amigos de toda la vida, cada uno con su bandera política, pero con algo en común: dicen las cosas como las piensan. Hoy, el aroma a café se mezcla con el olor a papeles viejos y a institucionalidad nueva.

—Che, ¿vieron lo de la SAPEM que mandó Biss al Concejo? —pregunta el radical, dejando sobre la mesa el diario abierto—. ¡Por fin alguien se anima a cambiar de raíz esto!
—Sí, lo vi. Mirá vos el muchacho —dice el peronista mientras remueve el azúcar—. No me gusta regalarle elogios a los radicales, pero esto hay que decirlo: se acabó el jueguito de la cooperativa como caja negra.
—¿Y qué esperaban? —salta el de izquierda—. Esa cooperativa es un aparato de poder que nunca fue del pueblo. Se la apropiaron unos pocos que se creen dueños del alumbrado, el agua y hasta del aire. ¿Vieron la nota que firmaron algunos socios? ¡Patética!

—¡JA! La vi, la vi —responde el libertario entre risas—. Se ponen en guardianes de la legalidad los mismos que hicieron de la cooperativa un aguantadero de ñoquis. Lo mas gracioso, son las que la firman los personajes de la doble moral “Administración infiel”, dicen. ¡Si eso es lo que vienen haciendo ellos hace años!
—Pará —acota el radical, señalando el papel—. Lo más insólito es que se escudan en una ordenanza de 1983. ¡Una ordenanza más vieja que algunos de los cables de la ciudad!
—Lo que pasa es que están nerviosos —dice el peronista—. Saben que si se arma una empresa pública con control estatal y reglas claras, se les termina el curro. No pueden acomodar más parientes, ni firmar contratos truchos a espaldas de nadie.
—Y encima el proyecto garantiza los puestos de laburo, no deja a nadie en la calle —remata el zurdo—. Pero claro, lo que les jode no es eso. Lo que no toleran es perder el timón. La cooperativa no les interesa como servicio, les interesa como botín.
—¿Sabés qué me gustaría? —dice el libertario, ya con tono más serio—. Que se termine la famosa auditoría y que realmente denuncien penalmente a los responsables de la ultima gestión y lo peor que uno de ellos firma. Porque firmar una cartita es fácil, pero rendir cuentas… eso no quieren ni en figuritas.
—Igual te digo algo —concluye el radical—: esto que está pasando no es solo institucional. Es simbólico. Rawson cumple 160 años y está dando el primer paso para dejar de ser rehén de los de siempre. Por primera vez en décadas, hay un intento real de modernizar, de planificar. Dejar atrás el amiguismo y pensar en serio en el futuro.
Como reflexión final la mesa puso claro que el que tenga responsabilidad se haga cargo y de una vez por todo saquemos adelante el servicio, por que, pueblo se lo merece
Se quedan un rato en silencio. El mozo deja la cuenta, alguien pide un cortado más. Afuera, el sol cae sobre la plaza y la ciudad parece, por un momento, tener otra luz.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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