A PUERTA CERRADA: ASÍ SE DEFINE EL FUTURO DEL CHUSOTO

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Lo que debía ser una instancia de participación interna en Chubut Somos Todos terminó convirtiéndose en una postal preocupante de cómo se vacía de contenido la vida democrática dentro de un partido. La decisión de la Junta Electoral de dejar fuera de competencia a la única lista opositora no sólo encendió la polémica, sino que expuso con crudeza el nivel de control que ejerce la conducción partidaria.

A PUERTA CERRADA: ASÍ SE DEFINE EL FUTURO DEL CHUSOTO

Con el cierre de listas consumado, el oficialismo quedó como único competidor, allanando el camino para que el concejal Daniel Asciutto asuma la presidencia del partido sin necesidad de disputar poder real. Un escenario que, más que una elección, se asemeja a una formalidad diseñada para legitimar una decisión previamente tomada.

La exclusión de la lista Azul y Verde, que impulsaba a Nahuel Ferez Lezcano, fue justificada con argumentos administrativos. Sin embargo, el dato que desata mayor sospecha es otro: no hubo margen para corregir supuestas irregularidades ni instancias de revisión. En otras palabras, no hubo voluntad de competencia.

Desde el espacio opositor fueron más allá y hablaron sin rodeos de un proceso “viciado, direccionado y manipulado”. No se trata de una denuncia menor. Es la descripción de un mecanismo que, según sostienen, busca garantizar el control absoluto del partido, cerrando cualquier posibilidad de discusión interna.

El problema de fondo no es sólo la impugnación de una lista, sino el mensaje político que deja: en Chusoto, la participación parece estar condicionada a la conveniencia de quienes conducen. Cuando las reglas se aplican de manera discrecional y sin garantías mínimas, la democracia interna deja de ser una herramienta y pasa a ser un obstáculo a remover.

La decisión de llevar el conflicto a la Justicia Federal no hace más que confirmar la gravedad institucional del episodio. No es habitual que una interna partidaria termine judicializada antes de votarse, y menos aún por la exclusión directa de un sector.

Así, el partido que alguna vez supo construir poder desde la diversidad interna hoy enfrenta una paradoja: busca ordenar su conducción a costa de vaciar su propia legitimidad. Porque una elección sin competencia no ordena, impone. Y una conducción que necesita eliminar adversarios para consolidarse, difícilmente pueda hablar de representatividad.

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