El intendente de Trelew se impuso por 40 votos contra 25 y conducirá el partido. El resultado fortalece al sector alineado con Ignacio Torres, pero la jornada dejó una profunda división interna, cuestionamientos al sistema de votación y un sector del radicalismo que reclama autonomía frente al Gobierno provincial. El viejo “divide y reinarás” vuelve a sobrevolar la política chubutense.

La Unión Cívica Radical de Chubut ya tiene nuevo presidente. Gerardo Merino ganó. Los números son contundentes: 40 votos contra 25 de Sergio Guajardo. Desde esa perspectiva, no hay demasiado que discutir. El intendente de Trelew obtuvo la mayoría y conducirá el Comité Provincia durante los próximos dos años.
Pero reducir lo ocurrido este sábado en Esquel a un resultado electoral sería mirar apenas una parte de la fotografía.
Porque Merino ganó la presidencia, pero el radicalismo terminó mostrando públicamente una fractura que venía creciendo desde hacía semanas.
De un lado quedó el sector que entiende que la UCR debe continuar integrada al proyecto político que conduce Ignacio Torres. Del otro, un grupo importante de dirigentes y comités del interior que no necesariamente plantea romper con Despierta Chubut, pero sí reclama mayor autonomía, protagonismo partidario y capacidad para discutirle decisiones al Gobierno. Esa división ya había sido advertida antes del plenario por distintos medios y dirigentes radicales.
Una elección que terminó siendo mucho más que Merino contra Guajardo
Lo ocurrido en Esquel excedió desde el comienzo una disputa de nombres.
El sector de Guajardo había levantado como bandera un radicalismo “más federal”, con mayor participación de los comités del interior y menos subordinado a las decisiones tomadas desde el poder provincial.
Merino representaba otra mirada: profundizar la participación radical dentro de la coalición gobernante.
Y apenas terminada la elección despejó cualquier duda. Al hablar de la relación con Torres sostuvo que su acompañamiento al gobernador es “incondicional”.
Esa frase posiblemente sea políticamente mucho más importante que el propio 40 a 25.
Porque deja planteada una pregunta que seguramente seguirá atravesando al radicalismo durante los próximos meses:
¿La UCR será un socio con voz propia dentro de Despierta Chubut o terminará funcionando como una estructura partidaria integrada al proyecto de reelección de Ignacio Torres?
La votación a viva voz y una herida difícil de cerrar
También hubo un episodio que merece especial atención.
La elección de autoridades no terminó realizándose mediante voto secreto. Se aprobó una moción para que los delegados expresaran su voto a viva voz.
Guajardo cuestionó posteriormente el procedimiento, habló de un “avasallamiento”, sostuvo que su sector había realizado previamente una presentación ante la Justicia por presuntas irregularidades y finalmente se retiró del encuentro junto con dirigentes que lo acompañaban.
Y esto adquiere mayor relevancia por lo ocurrido durante los días anteriores.
El histórico dirigente radical Mario Cimadevilla había denunciado públicamente supuestas presiones sobre delegados y había calificado como “inadmisible” una eventual intervención del gobernador en una elección interna de un partido al cual Torres no pertenece. Son acusaciones de Cimadevilla, no hechos judicialmente comprobados, pero formaron parte central del clima político que rodeó al plenario.
En ese contexto, haber descartado el voto secreto inevitablemente alimentará la discusión interna.
El Gobierno consiguió lo que necesitaba
Desde el punto de vista estrictamente político, el resultado difícilmente pueda resultar indiferente para Fontana 50.
Torres tiene previsto buscar su reelección en 2027 y necesita mantener cohesionada la alianza que lo llevó al poder. Antes de la elección, distintos medios identificaban a Merino como el candidato respaldado por el gobernador.
Ganó Merino.
La Convención quedó encabezada por Karina Otero, quien reivindicó públicamente que los radicales son parte del Gobierno provincial.
Y la propia Convención habilitó la posibilidad de avanzar con alianzas electorales, dejando abierto el camino para ratificar la continuidad de Despierta Chubut.
Desde esa perspectiva, el oficialismo provincial consiguió prácticamente todo lo que necesitaba de la jornada radical.
¿Unidad o “divide y reinarás”?
Ahora aparece la parte más compleja.
Merino habló después de la elección de “dar vuelta la página” y reconstruir la unidad partidaria. Es lógico que lo haga: será el presidente de todos los radicales y no solamente de los 40 delegados que lo votaron.
Pero las heridas no desaparecen con una declaración.
Hay 25 votos que expresaron otra concepción del partido.
Hay intendentes, dirigentes históricos y comités del interior que vienen reclamando mayor independencia.
Hubo denuncias de presiones.
Hubo una discusión por el voto secreto.
Hubo sectores que terminaron retirándose.
Y hubo hasta incidentes al comienzo del encuentro, después de la aparición de una bandera que acusaba de “traidores” a Guajardo, Biss y sectores vinculados con su candidatura.
Por eso quizás el resultado más importante de Esquel no sea solamente el nombre del nuevo presidente.
Gerardo Merino ganó la UCR. Ahora tendrá que demostrar si también puede volver a unirla.
Porque si la conducción partidaria termina respondiendo cada vez más al esquema político del Gobierno provincial mientras un sector importante de la militancia siente que perdió capacidad de decisión, el viejo principio del poder —“divide y reinarás”— habrá vuelto a funcionar.
El Gobierno podrá haber ganado una batalla política.
Merino podrá haber ganado legítimamente una elección interna.
Pero la UCR deberá preguntarse algo mucho más profundo de cara a 2027:
¿salió fortalecida de Esquel o salió más dividida y más dependiente del poder que antes de entrar?