El Gobierno de Chubut formalizó la creación de EPECH S.A.U., una empresa estatal con sede en Rawson que promete convertirse en un actor central del sistema energético provincial. En los papeles, se trata de una sociedad anónima unipersonal, con el Estado como único accionista, aunque con la posibilidad de incorporar capital privado en el futuro.

El objetivo de la empresa es tan amplio como ambicioso: podrá generar, transportar, distribuir y comercializar energía eléctrica en toda la provincia. También tendrá facultades para desarrollar proyectos vinculados a energías renovables —como la eólica y la solar—, construir centrales, coordinar el mercado eléctrico mayorista provincial e incluso prestar servicios de comunicaciones.
En términos simples, el Estado busca tener una herramienta propia para intervenir directamente en un sector estratégico, con la intención de ordenar el sistema eléctrico y aprovechar mejor los recursos naturales de Chubut, especialmente su potencial energético.
El capital inicial de EPECH será de 1.000 millones de pesos, dividido en acciones. El 60% quedará en manos del Estado provincial, mientras que el 40% restante podría abrirse a inversores privados a través de oferta pública. Este punto no es menor: aunque hoy es completamente estatal, el esquema deja abierta la puerta a una futura participación privada.
Sin embargo, más allá de los objetivos planteados, comienzan a aparecer interrogantes. Uno de los principales focos de duda está en la conformación del directorio. Los nombres designados generan ruido en distintos sectores, donde se preguntan si cuentan con la experiencia suficiente en un área tan compleja como el negocio energético.
La conducción de una empresa de estas características no solo requiere capacidad de gestión, sino también un fuerte conocimiento técnico en un mercado altamente especializado y sensible. La energía no es un área más: impacta directamente en la producción, el desarrollo económico y la vida cotidiana de la población.
A esto se suma otra inquietud de fondo: los beneficios concretos para la comunidad aún no están del todo claros. Si bien el discurso oficial apunta a mejorar el servicio, optimizar recursos y generar desarrollo, por ahora no hay precisiones sobre cómo se traducirá esto en la práctica.
¿Habrá mejoras en la calidad del suministro? ¿Podrían bajar los costos o estabilizarse las tarifas? ¿Se generarán nuevos puestos de trabajo? Son preguntas que, por el momento, no tienen respuestas concretas.
La creación de EPECH puede interpretarse como un intento del Estado de recuperar protagonismo en el manejo de la energía y dejar de depender exclusivamente de otros actores. Pero también abre un escenario de debate sobre su funcionamiento, el rol que tendrá el sector privado y el nivel de control que se ejercerá sobre la empresa.
Con una duración prevista de 99 años, EPECH nace como una apuesta a largo plazo. Una herramienta con potencial para transformar el mapa energético de Chubut, pero cuyo verdadero impacto dependerá, en definitiva, de cómo se gestione, quiénes tomen las decisiones y si logra traducir sus objetivos en beneficios reales para la comunidad.