En la política chubutense hay discursos que parecen nuevos, pero que en realidad llevan décadas circulando. Uno de ellos es el de la diversificación productiva. Cada tanto reaparece con fuerza en actos oficiales, exposiciones rurales o anuncios de gestión. Se habla del enorme potencial del Valle Inferior del Río Chubut, de abrir mercados internacionales, de ampliar la producción y de reducir la dependencia del petróleo.

En los últimos días, el gobernador Ignacio Torres volvió a poner ese tema en agenda al participar de una muestra agropecuaria en el valle, donde destacó la capacidad productiva de la región y la necesidad de impulsar el desarrollo del sector.
El planteo suena razonable. Pero también inevitablemente familiar.
Porque hace más de treinta años, en la década del noventa, la provincia ya había escuchado un discurso muy parecido. En aquel momento el entonces gobernador Carlos Maestro impulsaba lo que se presentaba como una verdadera “revolución productiva” que permitiría transformar la economía chubutense.
El contexto político era el del país gobernado por Carlos Menem, en pleno auge del modelo económico de los noventa. En ese escenario, Chubut recibió importantes recursos provenientes de regalías petroleras mal liquidadas que la Nación debió compensar. Aquellos fondos aparecieron como una oportunidad histórica para impulsar nuevas actividades productivas y generar una matriz económica menos dependiente del petróleo.
Las iniciativas que surgieron en ese momento hoy forman parte de una lista que, con el paso del tiempo, terminó adquiriendo un tono casi anecdótico. Se impulsaron criaderos de zorros y visones para exportación de pieles, producción de chinchillas, cultivos de tulipanes y flores para mercados internacionales, además de distintos programas de financiamiento productivo administrados a través de organismos provinciales.
“Pasaron 30 años y lo único que cambió fue la foto”
Sin embargo, tres décadas después, la realidad muestra que aquella “revolución productiva” dejó más dudas que resultados concretos. Muchos de los proyectos no prosperaron, otros desaparecieron con el paso del tiempo y varios quedaron envueltos en un silencio administrativo que nunca terminó de explicar qué ocurrió realmente con aquellas inversiones.
Incluso hoy todavía persisten interrogantes sobre el destino y los resultados de parte de esos recursos que debían impulsar el desarrollo productivo de la provincia.
Lo llamativo es que, treinta años más tarde, el discurso vuelve a escucharse con una similitud notable.
Hoy el foco está nuevamente puesto en el potencial productivo del valle, en la posibilidad de ampliar la superficie cultivada, en generar exportaciones y en aprovechar las condiciones naturales de la región para impulsar el desarrollo económico.
El diagnóstico, en esencia, es el mismo que se repetía en los noventa.
Y allí aparece una pregunta inevitable: ¿qué cambió realmente en estas tres décadas?
Entre aquella “revolución productiva” anunciada durante el gobierno de Maestro y los actuales planteos del gobierno provincial pasaron diferentes administraciones, crisis económicas y cambios políticos profundos en el país. Sin embargo, la estructura económica de la provincia sigue mostrando una fuerte dependencia de los recursos petroleros.
Mientras tanto, la famosa diversificación productiva continúa siendo un objetivo que aparece con frecuencia en los discursos, pero que rara vez logra consolidarse como una política sostenida en el tiempo.
Eso no significa que el potencial productivo del Valle Inferior del Río Chubut no exista. De hecho, productores, técnicos y especialistas coinciden desde hace décadas en que la región tiene condiciones para crecer y generar mayor actividad económica.
El problema es que ese potencial parece haberse convertido en una promesa permanente. Siempre está por desarrollarse, siempre está por despegar, siempre aparece en los anuncios oficiales.
Treinta años después, la política chubutense vuelve a hablar de lo mismo.
Y tal vez allí esté el verdadero desafío: demostrar que esta vez el potencial productivo de la provincia puede transformarse en algo más que un buen título.