Un café cargado de peronismo: adentro todos, pero en las listas pocos

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Confitería céntrica de Rawson, un lunes a media mañana. La escena es clásica y repetida: cuatro militantes de distintas corrientes del peronismo chubutense se sientan a conversar sobre la última jugada del frente político que los contiene —o al menos, así se dice—. El café está caliente, pero la charla, apenas empieza, ya arde.

Un café cargado de peronismo: adentro todos, pero en las listas pocos

Uno representa al PJ histórico. Otro al Frente Renovador. El tercero milita desde hace años en «Chubut Somos Todos». El último forma parte de esos sellos que suelen sumarse a los frentes amplios con más vocación de colaborar que de competir. Todos firmaron, todos se sacaron la foto, todos hablaron de «unidad» en los medios. Sin embargo, ninguno —excepto el PJ— figura en las listas.

La pregunta cae como ficha de dominó:

—¿Cómo puede ser que firmamos un acuerdo electoral y no haya ni un solo candidato de nuestros espacios?

Y la respuesta, aunque no se dice en voz alta, flota en el aire: la unidad fue una formalidad; el reparto de poder, una decisión vertical del partido justicialista. La elección interna del 3 de agosto entre Bowen y Luque servirá, sí, para definir nombres en la boleta. Pero, sobre todo, para disciplinar al peronismo y barrer bajo la alfombra los acuerdos incómodos.

¿Dónde quedó el federalismo partidario? ¿Dónde están los representantes del Frente Renovador, de Chubut Somos Todos, del PTP, del Movimiento de Base o de los vecinalismos que integran «Unidos Podemos»? Ni siquiera un lugar testimonial, ni un suplente para cubrir el expediente. Nada.

Desde las estructuras justicialistas se argumenta que hay que ordenar la tropa, evitar la dispersión, focalizar. Pero esa mirada —legítima en tiempos de crisis— termina transformando a los aliados en convidados de piedra, usados para ampliar el frente electoral pero descartados al momento de definir el rumbo político real.

El PJ avanza como si fuera el único portador de la verdad peronista. Los demás acompañan. A veces en silencio. A veces con bronca. A veces —como en esta confitería— con la amarga lucidez de quien sabe que firmó un acuerdo que en realidad fue una rendición.

Porque en el fondo, todos entienden lo que está en juego: cargos, representación y, sobre todo, futuro. Pero también todos intuyen que si esta lógica persiste, la «unidad» que hoy se celebra con comunicados y actos vacíos puede convertirse mañana en una nueva fractura. Y cuando eso pase, no será Milei ni la derecha quienes hayan ganado. Serán ellos mismos los que se habrán devorado entre cafés y acuerdos incumplidos.

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